En un mercado del centro de Lima, se desató un incendio el pasado jueves en el que aún hay desaparecidos. Una de las razones por las que la noticia ha tomado las redes es porque en lo alto del edificio de las galerías del mercado, alguien había colocado contenedores de carga para que, bajo llave, jóvenes trabajaran más de 12 horas diarias falsificando tubos de fluorescentes importados, con esos tubos asomados por las ventanas de sus cubículos, estos jóvenes trataban de contarle al mundo que estaban vivos en medio de las llamas. No se pudo hacer nada. La privación de libertad es uno de los elementos constitutivos de la explotación laboral, muy común en Lima (OIT 2016) y muy común en cualquier país donde la informalidad alcanza cifras elevadas (el 73% en el país) y la fiscalización es las mismas es caprichosa. Pero vayamos por partes: Para que existan esclavistas y explotadores tienen que darse condiciones para que puedan disponerse de esclavos, el delito de trata de personas...
de June Fernández Diferentes personas me han enviado el resumen del informa redactado por Ignacio Bosque y suscrito por los académicos de la RAE. Lo publica El País. He escrito unas observaciones para contestar a esas personas, y me han animado a publicarlas aquí: 1- Ignacio Bosque mezcla dos debates: los excesos y patadas al diccionario que cometen las guías de uso no sexista del lenguaje, y la pertinencia sobre la transformación de la lengua para que sea menos androcéntrica. Si hablase de lo primero, podríamos estar de acuerdo. Es cierto que hay muchas guías que hacen recomendaciones horrorosas, como el uso de las arrobas, y que promueven un castellano acartonado que tiene que ver más con la corrección política que con la consciencia sobre el uso del lenguaje. Pero cuestionar esos excesos no tiene por qué llevar a deslegitimar la preocupación por el androcentrismo en el lenguaje. Y si entra en ese otro debate, no me parece casual que argumente basándose en esas guías, e...